Enero
En alocución televisada a todas las filiales, el director de la compañía informa sobre el estado de las cosas. Discurso brillante, motivador. Será, otra vez, un año pleno de desafíos (el mundo, el contexto, los accionistas...). Manos a la obra, estamos preparados.
Confiamos en nuestra gente, nuestro principal recurso. (Sin duda.)
Marzo
En alocución televisada a todas las filiales, el director de la compañía alude tangencialmente a la aparición de ciertas turbulencias momentáneas. Discurso preciso, enérgico. Necesidad de corregir previsiones y acotar pronósticos. Algunas restricciones presupuestarias. Se hará el todo el esfuerzo posible. Nada hay que temer.
Confiamos en nuestra gente, nuestro principal recurso. (Por supuesto.)
Julio
En alocución (etc., etc.), el director de la compañía explica minuciosamente cómo el hielo diminuto devino considerable témpano. Discurso impecable, afilado. Con lógica irrefutable insta a la austeridad y al máximo compromiso.
Confiamos en nuestra gente, nuestro principal recurso. (Sí, obviamente.)
Octubre
No hay televisación esta vez. A través de un escueto correo electrónico, la dirección de la compañía informa que ha decidido prescindir de una parte estimable de su principal recurso. Con gran dolor. (Naturalmente.)
Diciembre
En alocución televisada a todas las filiales, el nuevo director (el anterior ha partido antes de lo previsto, se deduce que ha sido llamado a nuevos y mayores desafíos), con algo menos de brillo en sus palabras y algo más de aparente bonhomía que su predecesor, pero con idéntica firmeza y optimismo, define el nuevo paradigma. La tormenta ha pasado, declara exultante, un gran futuro nos espera.
Seguimos confiando en nuestra gente, nuestro principal recurso. (Amén.)