I.
El clima extremo sobrevuela las conversaciones y nos envuelve en innecesarias repeticiones de lo obvio. Comentaba ayer en otro blog cómo me rebela la expansión de conceptos borrosos, tal la omnipresente cháchara en torno a la sensación térmica. Siempre que la subjetividad de tal sensación entra en escena es para empeorar las cosas. No está en la naturaleza de esta sesgada invención conceptual corregir también hacia el lado benévolo; así, digamos que jamás será posible un bendecido día en que los 10 °C bajo cero nos parecerán, por azar de otros factores, menos rigurosos.
Me cuestiono entonces la real utilidad de una idea cuya evidente intención es acentuar sólo nuestra sensación de incomodidad, mientras astutamente enmascara el hecho de que a la hora de sentir todos lo hacemos de un modo individual y diverso. Una idea que sólo nos refuerza la percepción del malestar, una muestra más de lo que el psicólogo Paul Watzlawick definió, en su ensayo breve "El arte de complicarse la vida", como la gratuita, nada inocua y muy común inclinación de nuestra subjetividad a interpretar la realidad de la peor forma posible.
II.
Afortunadamente el frío también sabe inspirar belleza. Eso hizo con Nikki Giovanni, artista y activista afroamericana contemporánea, que escribió su "Winter Poem", y con Radka Toneff, que en breve vida de treinta años alcanzó con su arte la altura de los que perduran.
Winter Poem
once a snowflake fellon my brow and i loved
it so much and i kissed
it and it was happy and called its cousins
and brothers and a web
of snow engulfed me then
i reached to love them all
and i squeezed them and they became
a spring rain and i stood perfectly
still and was a flower




