I.
Primero de Mayo. El despertador me saca a las siete de algún sueño que ya no recuerdo. Podría haber seguido en la cama un par de horas más, hoy es feriado total, está nublado, frío y ventoso, nada invita a salir. Pero a las diez hay una carrerita de 21 K, no estoy muy en forma, de todos modos tengo ganas de hacerla. Allá voy entonces.
En la largada me reencuentro con varios de los participantes habituales, el clima previo es siempre lo mejor, la energía de los demás también acrecienta la propia. Mi número es el 910, hay bastante más gente de lo que hubiese esperado.
¿Qué nos impulsa a correr? A unos poquísimos, el afán de competir y ganar. No es mi caso, por supuesto, demasiado lento para esa ambición. Compito sólo contra mí. Algunas razones de esta actividad, que los que no hacen ven como pérdida de tiempo o, en el extremo, autoflagelación, las explica muy bien el novelista Haruki Murakami en su ensayo "De qué hablo cuando hablo de correr". También está la psicologizada interpretación de mi conocida Ch.: los que corren después de los cuarenta buscan en realidad huir. ¿De qué estoy huyendo, entonces? No lo sé, no lo analizo: me divierto, me hace bien, me basta con eso.
10:15 partimos. Hasta la mitad del recorrido es terreno conocido, luego será terra incognita. Mis primeros diez kilómetros pasan fácil. Del diez al trece entramos en una condenada pendiente ascendente, no muy pronunciada, lo suficiente para que la voz interior inicie una protesta: qué hago aquí, por qué no estar en casita tomando tranquilo un café... Hacerle oidos sordos a esa voz es imprescindible para seguir.
Luego, todo lo que se ha subido hay que bajarlo, si bien frenarse cuesta abajo tampoco es tan sencillo. Aplausos y gritos - los vecinos en esquinas, delante de sus casas o desde algún balcón son generosos y alientan a todo el que pasa - me alegran y me alivian el esfuerzo. (En honor a la verdad también nos encontramos con automovilistas demorados en algunos cruces para dejar pasar a los competidores, cuyos bocinazos no parecen de aliento sino todo lo contrario.) Kilómetro 18, el ánimo comienza a prevalecer sobre la fatiga, kilómetro 20, ya se siente casi la euforia de la meta, ahí está a la vista el arco del 21, llegamos. Al final, el cronómetro importa poco, son casi dos horas, ahora no hay más que colgarse la medallita conmemorativa de la participación, caminar unos pasos, reponer líquido, cambiar vivencias con los demás, sentarse unos minutos disfrutando el cansancio profundo y parejo, volver reconfortado a casa.
II.
A la tarde, oyendo / viendo a Roberta Sá. Una de esas voces nacidas para sambar. No es una nueva Elis Regina, Elis no tiene reemplazo, mas dejando de lado comparaciones, es muy bueno lo que hace esta muchacha.
Esa voz dulce, esa sonrisa, esa gracia irresistible, cuántos dones recibiste, Roberta...
En calles, en plazas, en circos, en bancos de jardín,
Corriendo en lo oscuro,
Mi foto en los muros
Ya van a saber de mí,
Mambembe, gitano,
Debajo del puente, cantando,
Bajo la tierra, cantando,
En boca del pueblo, cantando.
Mendigo, malandra, negrito, mulato, marginal,
Esclavo evadido
O loco perdido
Voy a hacer mi festival,
Mambembe, gitano,
Debajo del puente, cantando,
Bajo la tierra, cantando,
En boca del pueblo, cantando.
Poeta, payaso, pirata, corisco, errante judío,
Durmiendo en la calle
- no es nada no es nada
Y ese mundo es todo mío,
Mambembe, gitano,
De bajo del puente, cantando,
Bajo la tierra, cantando,
En boca del pueblo, cantando.
"Mambembe" - Chico Buarque